Entrevista de ETA con Martxelo Otamendi y Mertxe Aizpurua, directores de los diarios Egunkaria y Gara respectivamente.
Versión en español publicada en GARA el 7 de junio de 2001.
ENTREVISTA * Euskadi
Ta Askatasuna
«Para que el proceso emprendido en el 98 tenga continuidad es necesaria mayor madurez y honestidad»
La situación de las fuerzas sociales y políticas que tienen algo que decir en el proceso de construcción nacional son algunos elementos que se analizan en este apartado.
Recientemente, ETA ha dirigido duras críticas al sindicato ELA.
Lo que criticamos a ELA es que justo en el momento en el que mayor necesidad había, en el corazón del proceso emprendido en 1998, dejara a un lado esa vía. Creemos que esa decisión de ELA, más que dejadez momentánea, fue un paso en un camino diseñado con anterioridad. Hemos apreciado falta de honestidad por parte de ELA. No es honesto asegurar que estás dispuesto a llegar hasta cierto punto y, después, salir con que no era eso lo que querías decir o que no se entendió debidamente. En ese aspecto, ELA guarda un gran parecido con Elkarri o con un «jauntxo» que habla en nombre de AEK. Funciona como si fuese un instrumento del PNV y está volviendo a su habitual irresponsabilidad política. ¿Dónde ha estado ELA hasta que ha hecho acto de presencia con reivindicaciones de soberanía vacías? ¿Escenificando la ruptura sindical poniendo como excusa la supuesta dependencia de LAB respecto a ETA?
Sectores del ámbito del euskara, de la enseñanza o de la cultura que históricamente han estado en favor de los derechos de Euskal Herria y situados en planteamientos de autodeterminación ahora muestran adhesión al marco vigente. ¿No se idealiza demasiado al movimiento popular?
Nosotros no lo idealizamos. Esos sectores debieran analizar las necesidades existentes para avanzar en la construcción nacional y plantear vías de solución. Esos sectores nacieron bajo la dictadura y el marco autonómico no les ofreció solución alguna a sus necesidades, es más, incluso han sido agredidos desde el actual marco. Pero han sido capaces de trabajar superando la partición de Euskal Herria, aprovechando las opciones que se les presentaban. No obstante, en la actualidad están estancados. En todos esos movimientos debe hacerse una profunda reflexión, debía haberse hecho ya hace tiempo, y responder a una pregunta: ¿adónde nos dirigimos? En nuestra opinión, muchos medios de comunicación, el sistema educativo concretado en torno a las ikastolas, el sector de la euskaldunización... que nacieron con vocación pública, para que lleguen a ser los pilares públicos de la futura Euskal Herria, deben realizar una reflexión de cara a actualizar su actuación recuperando el propósito que tenían cuando surgieron.
Se están refiriendo al proceso de construcción nacional. ¿Es posible avanzar en ese proceso sin que exista un acuerdo entre formaciones políticas?
El proceso a materializar en Euskal Herria es real, pero para ello es necesario saber qué fuerzas están verdaderamente dispuestas a avanzar y qué esfuerzo están dispuestas a realizar. La base es la honestidad. Para que el proceso emprendido en el 98 tenga continuidad es necesaria mayor madurez y honestidad. Aquellas fuerzas que consideren suficiente el marco autonómico que lo digan claramente. ETA, a su vez, volverá a repetir claramente que no está de acuerdo con ese planteamiento y que continuará luchando hasta que los derechos de Euskal Herria sean respetados.
Lo verdaderamente necesario es el trabajo en común entre las fuerzas que son favorables a avanzar en el proceso. Y se puede avanzar mucho. Pero sin acuerdo no es posible llevar todo el proceso hasta el final. Y ese acuerdo deberá extenderse más allá de los partidos, será necesario un acuerdo de toda la sociedad.
¿Será posible materializar ese acuerdo algún día?
ETA aceptará un planteamiento que responda al conflicto en toda su globalidad. Eso no quiere decir que deba aceptarse el planteamiento que la izquierda abertzale ponga sobre la mesa, sino que, de una u otra manera, debe responder al problema en su globalidad.
Si la respuesta es parcial, el conflicto continuará. Si el PNV impulsa una fotocopia renovada del Pacto de Ajuria Enea o si continúa en plena involución respecto a Lizarra-Garazi y se mantiene en su inmovilismo mientras los estados español y francés agreden a la izquierda abertzale, si refuerza el marco particionista, estará alejando la solución al conflicto.
Sostienen que el obstáculo para llegar a un acuerdo es, una vez más, la lucha armada. Esa excusa se invalida con una simple pregunta: en caso de que no existiera la lucha armada, ¿en qué se basaría el acuerdo político?
Que el de la autodeterminación es un derecho está asumido. Pero el de la territorialidad, ¿hasta qué punto es un derecho y hasta qué punto algo discutible?
La territorialidad es una realidad, una realidad dividida. El derecho de autodeterminación le corresponde a un pueblo y ese pueblo lo constituye una Euskal Herria que recoge en su seno a Araba, Bizkaia, Gipuzkoa, Lapurdi, Nafarroa y Zuberoa. El territorio es la ubicación física e histórica de un pueblo. No pueden diferenciarse el derecho y su espacio de aplicación, a menos que se quieran sembrar malas semillas de nuevos conflictos.
¿ETA estaría dispuesta a aceptar una Euskal Herria ordenada en tres comunidades?
En la actualidad, Euskal Herria es un jarrón fracturado en tres partes. Lo que pide ETA no es más que la oportunidad real de que vuelvan a unirse las partes del jarrón. La izquierda abertzale quiere un jarrón entero y plantea una forma concreta de articularlo. El conflicto estará en vías de solucionarse en el momento en que se acepte la oportunidad real de que las partes sean una; en el momento en que Euskal Herria tenga, de cara al futuro y en todo momento, la opción libre de organizarse de la forma que decida; en el momento en que se decidan y acepten mecanismos reales para llevar esto a cabo. Hasta entonces, y también a partir de ese momento, la izquierda abertzale desarrollará su proyecto político sobre la realidad de los seis herrialdes y los derechos democráticos de Euskal Herria.
PNV, EA y algunos abertzales afirman que la lucha armada hace imposible la colaboración entre abertzales. Ustedes, en cambio, sostienen que eso es una excusa para no enfrentarse a los retos que tiene el abertzalismo. ¿Cómo se sale de este atolladero?
Bajo esa excusa se oculta mala voluntad. La colaboración pudo desarrollarse cuando ETA realizaba acciones. Hubo incapacidad para desarrollar esa colaboración en la época en que ETA interrumpió sus acciones. Hoy parece que es imposible lograr un acuerdo porque existe la lucha armada. Hace tres años no. ¿Cuáles son las razones de ese cambio?
De ese atolladero se sale con un acuerdo entre quienes manifiestan que deben respetarse los derechos de Euskal Herria. Se hizo un intento en el Acuerdo de Lizarra-Garazi. Habrá que hacer un nuevo intento, más firme, más elaborado, más honesto y más maduro. No un intento basado en juegos tácticos, coincidiendo con unas elecciones, sino hablando claro, de forma que cada cual explique sin tapujos qué quiere y hasta dónde es capaz de llegar, sin abandonar ni los objetivos políticos ni los proyectos de cada uno, elaborando un espacio de acuerdo que deje la puerta abierta a la posibilidad de desarrollo en el futuro.
Pero hoy eso es una estrategia, una actitud. ELA y PNV afirman que no hay nada que hacer mientras continúe la lucha armada.
Al utilizar la lucha armada como excusa, Ibarretxe y el PNV han ido más lejos que Aznar. Con esa excusa, declaran que la prioridad es acabar con ETA y con la izquierda abertzale. Es esa actitud, y no la lucha armada, la que hace imposible la colaboración, el que no haya acuerdo. Sin la lucha armada, el único marco que se le ofrecerá a este pueblo será el autonómico. Y esto no es una opinión, es una constatación.
El punto de acuerdo que ofrece la izquierda abertzale es claro: una solución para el conjunto de Euskal Herria, derechos democráticos básicos para todos los habitantes de Euskal Herria y decidir con antelación las vías democráticas para cambiar la actual situación. Y esto lo saben PNV y ELA. Pero estamos todavía en un periodo de tacticismos, sin madurez. Desde esa táctica de desgaste, los del PNV estarán felices por haber recibido muchos miles de votos independentistas. La actitud de ETA no va a cambiar por eso, pero nuestro mensaje también es claro: la medida de la responsabilidad que ha contraído el PNV es similar a la medida de su triunfo electoral. Sería grave que el PNV secuestrara esos votos y se los ofreciera al Estado. *
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